martes, 27 de junio de 2017

Azules

Daniel, Inma, super Carlos y el gran Johny, que es asistente con otros chicos


Fernando, David, Carla, Henar, Thiaba, y ahora Carlos son los asistentes familiares que han ayudado en el día a día de Daniel, a través del programa de Apoyo Familiar de Plena Inclusión.  El papel que desempeñan no es exactamente, en este caso, el de un asistente personal. Daniel va todavía al colegio,  y lo hará hasta los 21 años. De esta manera, una buena parte del día a día transcurre para él en el centro escolar. Ahora en verano, en el centro que acoge los campamentos de verano. En uno y otro caso, los profesionales que los atienden no sólo realizan un montón de actividades formativas y/o de ocio para los chicos y chicas, sino que también atienden a sus necesidades de aseo, alimentación, y salud durante las horas del día que ocupan, entre las 9 ó 10 de la mañana y las 4 ó 5 de la tarde. Pero, para las horas de la mañana previas a su jornada escolar o de campamentos, hace ya tiempo que hubo que apelar a la colaboración de los asistentes familiares, en nuestro caso para ayudar a Inma, que es quien (como suele ser habitual en nuestra sociedad) dentro de la unidad familiar ha tenido más problemas para conciliar las complicadas circunstancias de la vida de una familia en discapacidad y la vida laboral. Aunque, afortunadamente, poco a poco, ha conseguido con tesón algunos trabajos, sigue siendo ella la que normalmente puede estar con Daniel en esas horas. Pero, Daniel ha crecido, pesa ya bastante, y además, dada su tetraplejia, sumado todo a su carácter impositivo y muy dinámico, hace que sea muy complicado para ella atenderle a solas. Cuento todo esto (más bien repito lo que otras veces ya he contado) con tanta minuciosidad, porque me parece muy importante que se entienda bien la labor fundamental que desempeñan los asistentes en el entorno de las personas con diversidad funcional, y también la necesidad de otorgarles un estatus laboral digno y acorde con su dedicación, que es necesaria tanto desde el punto de  vista de los aspectos prácticos, como de apoyo personal, pues al fin y al cabo se termina estableciendo una relación personal muy enriquecedora para todos.

            Daniel no puede tener una vida independiente, porque necesita de ayuda para casi cualquier actividad. Por eso, la asistencia que requiere se circunscribe en buena medida a las tareas de cuidado personal, también de acompañamiento en casa (incluyendo las actividades que a él le gusta realizar en las horas y días de asueto) o fuera de casa. Muchas personas con diversidad funcional precisan apoyos más diversificados para,  de modo real y efectivo, poder hacer su vida de manera autónoma e independiente a sus entornos familiares: además de la asistencia en el cuidado personal y del hogar, cosas tan esenciales como desplazarse hasta los lugares de formación o trabajo (ayudar a tomar apuntes, en las consultas en bibliotecas, etc), acudir al médico, etc., etc. En definitiva, todo un sinfín de pequeñas cuestiones que las personas no diversas realizamos prácticamente sin pensar, pero que para una persona con diversidad funcional pueden suponer barreras insalvables sin la ayuda de estos asistentes personales.

            Aunque en otros países lleva décadas estructurada y organizada la labor de los asistentes personales, el reconocimiento de su existencia y necesidad aparece normativamente en España a raíz de la Ley de Dependencia (2006). Y poco más, tras esta aparición en un apartado de la ley,  hemos avanzado desde entonces. El sistema de Dependencia no ofrece una cobertura real para que dentro de su estructura y funciones se desarrolle un entramado laboral adecuado a la asistencia personal. Se sigue primando (en teoría, porque tampoco hay demasiada financiación para ello) los centros específicos. Sin embargo, no hay centro que pueda ofrecer (ni siquiera en un caso de vida con tanta limitación previa como puede ser la de Daniel) las condiciones de integración y desarrollo que procura una vida en el entorno natural de la persona en cuestión (lo cual no excluye la asistencia a centros o entidades propias durante horas al día, como hacemos cualquiera en nuestra vida laboral, por ejemplo). No hay centro, por muy estupendo que sea o fuera, donde la relación personal entre el “usuario” y sus cuidadores alcance el nivel de complicidad que ha ido teniendo Daniel con sus asistentes en casa,  y  todos y cada uno de ellos con Daniel y con todos nosotros, especialmente ahora con Carlos, que ha sido asistente de Daniel todo este último curso (y le esperamos el que viene) en lo práctico, pero también emocionalmente.


A él y a todos los que ya han formado parte de nuestras vidas a mí me gusta llamarles “los Azules”, para no olvidarme nunca de lo importantes que son para Daniel. Cuando llegó Thiaba (la última asistente antes de Carlos), le advertimos a Daniel del color negro de su piel, simplemente para que no le resultara imprevisto (es recomendable que le anticipemos la situaciones nuevas que va a encontrar). Cuando le preguntamos de qué color es Thiaba, Daniel contestó “azul”. No hemos conseguido sacarlo de ahí. Y tiene razón.  Azules, gracias.



miércoles, 21 de junio de 2017

La Voz

Creo que ya más de una vez no me he podido resistir a mostrar el rostro y gesto de Daniel cuando escucha o ve algo que le gusta. Esta era su cara ayer por la tarde mientras escuchaba y veía a través de Youtube el concierto para piano n. 21 K467 de Mozart.





Muchas tardes  Daniel se empeña en oír una vez y otra lo que él llama “hipo”. También lo conté una vez: “hipo” es la Danza Hungara n. 5 de Brahms, utilizada como motivo en un capítulo de la serie animada Little Einsteins. A raíz de ella, hace ya mucho tiempo, Daniel se quedó enganchado a esta Danza, y desde entonces yo creo que no hay día que no la escuche, algunos muchas veces. Ayer fuimos buscando versiones distintas de la quinta danza húngara: la desplegada como música narrativa en el cuento de Los Tres Cerditos (fantasías animadas de Disney), piano y violín en modo medio jazz, un ejercicio de percusión sonora corporal ejercitado sobre la música de la danza, en fin…  Pero le dije a Daniel que ese empeño suyo habitual en volver una y otra vez sobre algo que le gusta está muy bien, aunque hasta cierto punto y con límites. Y que iríamos escuchando el “hipo”, pero también veríamos y escucharíamos otras cosas. Una de ellas fue ese concierto mozartiano, otra la propia biografía resumida de Mozart, y otra el cuento de Simbad el Marino.


Para Daniel el sentido del oído es muy importante. Cuando empezó a escuchar la voz monocorde y como desde lejos que narraba en Youtube el cuento de Simbad el Marino, me dijo que “no”. O sea que no quería escucharlo, que no le gustaba. Era una forma muy aburrida de contar. Así que quité el sonido de la pantalla y empecé a leer yo misma lo textos que aparecían en cada una de las pantallas-ilustración del cuento: vocalizando bien, intentando entonar mucho, diferenciando las voces de los personajes… Daniel comenzó a reír, a entusiasmarse con el relato y a seguirlo punto por punto. Era la misma historia. Pero no era la misma historia. Era una historia con relieve y colores, con profundidad y suspense: todo gracias a la voz. La voz, ese universo.


miércoles, 7 de junio de 2017

Tyrion Lanniter podría pasar desapercibido, Peter Dinklage no

“Me gustaría pasar inadvertido… pero mido 1,35”, explica Peter Dinklage,  el famosísimo Tyrion Lannister de Juego de Tronos en esta entrevista que le leo en XLSemanal (http://www.xlsemanal.com/personajes/20170604/peter-dinklage-me-gustaria-pasar-inadvertido-mido-135.html )


Como todos sabéis,  o sino os lo cuento, Dinklage es un tipo con acondroplasia, que es la denominación científica y médica para la alteración ósea de origen cromosómico que impide a las personas que la sufren un crecimiento armónico, ya que debido a dicha alteración todos los huesos largos están acortados simétricamente, siendo normal la longitud de la columna vertebral, lo que provoca esa disarmonía que todos podemos comprobar a simple vista,  que nos llama tanto la atención que impide a Peter Dinklage llevar su vida inadvertida.

Su condición  de persona acondroplásica planea sobre toda la entrevista, aunque no sea aludida de una forma explícita más que en esa frase en la que el actor (gran actor) resume la forma en que cualquier persona con una diferencia tan evidente para la vista de los demás debe afrontar su día a día: sobreponiéndose a las dificultades propias para mantener el ritmo de vida (si existen tales dificultades) y también sobreponiéndose a la dificultad que añade la mirada extrañada del otro.  Tantas veces hemos hablado de esto.

Por eso ahora quería destacar todo lo contrario. De la entrevista de Dinklage me gusta sobre todo la facilidad de su testimonio, la naturalidad con la que fluye. No se obvia lo que no puede obviarse. Al contrario, forma parte de la conversación al mismo nivel que otras circunstancias de su vida (sin perder de vista que esta es lógicamente determinante). Lo importante es el tono, la actitud (como suele decirse).


Siento la misma buena sensación cuando nos encontramos con Inma (Lamima) y comentamos entre sonrisas, e incluso risas, las “adolescentadas” de Ainhoa, siempre  tan pizpireta, tan capaz de darle la vuelta a sus dificultades (incluso ahora, que lo pasa mal con la elongación). Siento la misma alegría que cuando escucho a Inma (la madre de Daniel, mi cuñada/hermana pequeña) quejándose a grito pelado de la adolescencia-yajuventud de su hijo, (que no puede estar sin ella ni con ella), diciéndome que lo envuelve en un lazo y me lo manda, que ya no puede más … Las dos como cualesquiera madres de hijos adolescentes, no importa (o sí) que una tenga acondroplasia y el otro parálisis cerebral. Porque importará, pero no les impide ser adolescentes ni  a sus madres reaccionar  sólo por eso, independientemente de la otra condición de sus hijos, por mucho que esa condición sea insoslayable, como lo es el 1,35 de estatura que le impidiría a Peter Dinklage pasar desapercibido, aunque no fuera un gran actor, muy famoso, aunque no interpretara a Tyrion Lannister.

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martes, 25 de abril de 2017

Estamos bien

Por la noche, cuando por fin Daniel concilió el sueño (al menos un rato), su madre no quiso eludir la necesidad de comunicar la sensación de alivio y paz (aunque no sean perfectos) que indudablemente transmite el rostro de Daniel tranquilo y relajado. Un cuerpo, un rostro entregados al sueño son territorio pacificado, invitan a la reconciliación con uno mismo. Quien observa le dice al durmiente: bien, estamos bien ahora, puedo sentir este bienestar contigo ahora. Desde pequeño y aún ahora todavía, ya un señor joven, el rostro relajado de Daniel cuando duerme o mientras se despierta siempre me ha transmitido un caudal de endorfinas benéficas. Puedo entender pues,  un poco por lo menos, la necesidad de su madre en ese momento de hacer la fotografía de Daniel durmiendo tranquilo en la sala de observación de cardiología del Hospital Clínico de Zaragoza y compartirla, tras un muy largo día de nerviosismo extremo y preocupación porque había sufrido una lipotimia y tenía una acusada taquicardia, que no terminaba de frenarse.



La parálisis cerebral no es una enfermedad. En los primeros años de nuestra convivencia con ella me apunté a un foro de padres y afectados, aunque yo no reunía ninguna de dichas condiciones. Buscaba desesperadamente información para saber a qué nos enfrentábamos. Recuerdo unas broncas tremendas y poco pedagógicas que un adulto afectado lanzaba contra unos angustiados padres, casi todos con hijos muy pequeños, cuando ellos hablaban sobre todo de intentar paliar en lo posible las afecciones que tenían sus hijos. El adulto se quejaba en aquellos abroncamientos de que los demás sólo hablábamos de la parálisis cerebral como algo a lo que enfrentarse médicamente. A él le interesaban ya más los aspectos sociales, la reivindicación necesaria de la  inclusión. Cada parte tenía sus razones. Porque en los primeros momentos hay que saber como manejar la situación desde el punto de vista de la salud, de las terapias. Luego todo ello empieza a formar parte de la rutina, y llega la lucha por los temas sociales. Hasta que en un momento determinado aparece alguna cosa diferente. La parálisis cerebral no es una enfermedad, pero acarrea patologías, muchas.

La pubertad y el crecimiento de Daniel nos han traído algunas, que se han ido desarrollando con el tiempo, como consecuencia, digamos, de un crecimiento corporal que no puede ser armónico. Por ejemplo, la escoliosis que se ha agudizado. Ahora debemos saber si la taquicardia que le afectó el otro día ha sido un episodio relacionado con una situación de deshidratación, o es algo que está ahí de fondo. Sabemos que siempre hay que mantener la alerta. Para las familias eso implica un estrés emocional y también un esfuerzo físico que nunca cesará. Aquellas broncas me siguen pareciendo absolutamente injustas.

Sé que para conseguir niveles de inclusión sociales suficientes y para que cambie la percepción de la discapacidad es necesario escapar de la mirada que sólo ve enfermos en las personas con discapacidades. Pero mejor que subordinar sin más la consideración de  las patologías y su necesidad de atención médica, deberíamos transformar nuestra actitud ante la enfermedad en general, aprender a no ocultar su existencia, a convivir de forma solidaria, consciente y no temerosa, con ella y sus circunstancias y consecuencias. En cualquier caso, la atención y el soporte socio-sanitario debería ser entendido como algo integral, complementario entre sí, e integrador con el entorno. Comienza a haber algunos indicios en los sistemas públicos y privados de esta forma de atender y entender tanto a los enfermos (a quienes su patología puede inducir a ciertas discapacidades, pasajeras o permanentes) como a las personas afectadas de síndromes (que les producen patologías diversas a lo largo del tiempo). Pero hace falta mucho más. Y sobre todo hace falta un cambio de perspectiva en los individuos y en toda la sociedad.

Un indicativo concreto de ese cierto cambio lo percibimos durante esta estancia en Urgencias. Hablo ahora simplemente de actitud. De la  actitud de los profesionales que ya se han dado cuenta de que su trabajo con un paciente que tiene parálisis cerebral es mucho más fácil, efectivo y tranquilo si cuentan con la familia, si escuchan a la familia y adaptan los protocolos al ritmo y particularidades que necesita un chaval que se desubica en el hospital, que además teme enormemente a los hospitales (porque una vez tuvo una experiencia bastante desagradable en uno de ellos), que necesita a su lado en todo momento cuando está en territorio inseguro a las personas que son sus manos, en parte sus ojos y sus intérpretes, que le protegen y a las que precisa emocional y físicamente para sentirse seguro.

Nosotros hemos aprendido a estar bien, a pesar de todo, y en verdad estamos bien, porque con Daniel hemos asimilado que la vida tiene muchas formas de ser vivida (lo he repetido muchas veces). Pero nuestro equilibrio es frágil, nuestro bienestar tiene siempre cimientos precarios. Así lo sentimos, sobre todo si nos comparamos con la facilidad que la gente no diversa tiene para recuperar su centro y su equilibrio, si es que estos  fallan en algún momento. Socialmente hay más medios para ellos, que realmente lo necesitarían menos. Pero, siempre lo repito, la línea que nos separa a unos y otros es muy delgada, invisible. No sabéis cuánto. Deberíamos aprender a atravesarla por solidaridad, no por obligación llegada la circunstancia no deseada. Nosotros intentamos hacerlo en la otra  dirección, y buscar la normalidad. Por eso, a nuestro ritmo, estamos bien. Porque Daniel sigue feliz.



jueves, 16 de marzo de 2017

Desde Nueva Zelanda viene una silla para Daniel






Aquí veis a Daniel probando hace unos días una silla nueva. Si le preguntas si quiere silla nueva dice que no, supongo que porque ahora a todo contesta que no. Es lo que toca. Sin embargo, le cambiaba la cara al probar la silla nueva, se le notaba muy a gusto sentado en ella, bien colocado y cómodo. La verdad es que su silla actual se le ha quedado pequeña antes de lo previsto. Estas sillas ortopédicas presentan por lo normal asientos y respaldos que recrecen, al estirar la estructura del chasis, hasta una cierta medida. Esta vez a Daniel la silla le ha venido a durar tres años justos. Estas fotos que os mostramos a continuación, además de ser simpáticas, sirven para calibrar la velocidad a la que su silla “se ha encogido”. Una es de la sesión de adaptación de la silla en la Ortopedia, o sea el primer día que se sentó en ella hace tres años. La otra de hace unas semanas, en Carnavales.  Se ve claramente como la pobre silla ya no puede con Daniel, que por otra parte la ha vapuleado y maltratado como corresponde a un adolescente.  



En fin, el aumento  de estatura y complexión de Daniel (una evolución positiva que es algo genial, fantástico, claro), junto con la necesidad de proteger su columna y su espalda, han hecho inevitable el cambio de silla. La que han encargado finalmente sus padres a la ortopedia de referencia no es exactamente la que muestra las primeras fotos. Enrique, el ortopédico, ha hecho una combinación personalizada para Daniel, acorde a sus características físicas y teniendo en cuenta también sus problemas de columna y cadera. El asunto de las caderas viene de lejos. En la parálisis cerebral no es infrecuente que aparezca tempranamente la luxación de las caderas. La espasticidad muscular dificulta la expansión natural de la estructura ósea. Por eso ahora, con el crecimiento de la adolescencia, volvemos a encontrarnos con problemas de este tipo que afectan a la disposición de la columna. Esperamos que con el respaldo especial de la nueva silla se pueda evitar el corsé. Os contamos estas cosas para que se pueda comprender medianamente que el cambio de silla no es un capricho en absoluto. Es una necesidad imperiosa para adecuar una estructura, -que en realidad es para Daniel como un esqueleto exterior-, a su momento vital, y para evitar que en el futuro empeoren algunas patologías que le causen dolor.
La silla que finalmente tendrá Daniel dentro de un mes y medio aproximadamente es un híbrido. El chasis será el mismo modelo que tiene su silla actual, aunque de mayor tamaño, esperando que esta vez –si no se estropea- dure algo más, pues podrá cubrir los años inmediatos, durante los cuales Daniel aún puede crecer, y resistir alguno más, con la estatura ya estabilizada. De otro fabricante vendrá el cabezal y cinturón pélvico, de otro el reposapiés, y finalmente asiento y respaldo serán los que muestran las fotos del comienzo y viajarán desde Nueva Zelanda. Al final, la cuenta será de unos 8.000 €.  Vamos, igual que un Kia Picanto, una plaza de garaje según algunos anuncios, o más de lo que hay que invertir para abrir un negocio en algunas franquicias. Aunque el “concepto” no tiene nada que ver, claro. Con un poco de suerte, la Seguridad Social abonará una parte del coste dentro de un par de años, y con otro poco de suerte dicha ayuda será aproximadamente una quinta parte del coste.

A Daniel ya le han dicho que tendrá silla nueva. El sigue contestando que no. Pero seguro que cuando esté sentado en ella tan cómodamente y bien posicionado como se le ve en las imágenes del principio, vuelve a sonreír igual que lo hizo el día de la prueba.


martes, 21 de febrero de 2017

Nuestra querida Ainhoa

Para qué vamos a negarlo. Hay en la vida momentos, digamos, quizás un tantito más decisivos que otros, en los cuales nos abandonamos al tópico, tanto emocionalmente como con el lenguaje. La muleta cómoda. Pero también la terca realidad que siempre termina por dejar al descubierto las cuatro cosas importantes. Por eso lo primero que pensé-sentí, cuando Inma Muniay me escribió el otro día que tenían fecha de operación para Ainhoa, su hija, fue: ¡cómo ha pasado el tiempo, qué rápido!. Porque una de las primeras cosas que me explicó Inma, cuando nos conocimos, acerca de la acondroplasia y de las circunstancias que formarían parte de la vida de Ainhoa fue la pertinencia de realizar esta operación de elongación en un momento determinado. Es un asunto complicado por todo lo que conlleva en torno a la recuperación posterior: rehabilitación, fisioterapia, ejercicio, silla de ruedas, etc. Ainhoa y su familia han sabido desde el primer momento que habría que pasar por aquí, y están preparados. Lo están no sólo en lo que a intendencia se refiere. Eso por supuesto. Están más que acostumbrados a adaptar su entorno doméstico para hacerlo accesible a Ainhoa. Están preparados sobre todo, lo percibo cuando hablo con ellos, psicológicamente, emocionalmente. Han caminado una larga trayectoria ya. Han resuelto muchas dificultades. Han encontrado su lugar como personas que acompañan a Ainhoa, y han aprendido muchas cosas para ellos mismos gracias a esa proximidad a la discapacidad, como nos ha ocurrido a tantos.






La operación de elongación. Parecía algo tan lejano, cuando nos conocimos, y ya está aquí. Y por el medio, ¡cuántas cosas, madre mía, cuántas peleas por conseguir derechos, por evitar discriminaciones, por buscar normalizar situaciones con el fin de que se respete la diferencia! En fin, los chicxs crecen. Y afrontamos con ellos nuevas problemáticas. Por un lado esto no es muy diferente a lo que ocurre en los entornos familiares y sociales no diversos. Es simplemente época de cambios, de nuevas situaciones, algunas muy complicadas, como lo es en general la adolescencia para el propio adolescente, pero también para su entorno. Por otro, las diferencias son todas, las particularidades son pan nuestro de cada día y seguimos necesitando apoyo y refrendo social. Sé que la familia de Ainhoa ha podido organizar su recuperación tras la operación de elongación, que será larga y decisiva, contando con la colaboración del Centro de Salud, del instituto al que acude Ainhoa, y también de los compañeros de la Fundación Alpe, en la que siempre han estado integrados al cien por cien, y que me parece un ejemplo de cómo el tejido social debería estar funcionando como apoyo, como red, como guía … Así que todo va a ir bien.

Daniel y todos nosotros estamos enviándoos nuestro cariño de Zaragoza a Málaga. Nos vemos al regreso. Y aquí estaremos para lo que necesitéis.


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Para quienes queráis saber en qué consiste el proceso de elongación en las personas con acondroplasia y qué experiencias conlleva, os recomiendo vivamente  este blog: La aventura de Lucas.


sábado, 11 de febrero de 2017

Discapacidad y 3d

Os muestro un pequeño objeto realizado mediante una impresora 3d. Como veis es un llavero con la manita que representa al Colegio Ángel Riviere. Como explica el texto de la hoja del cuaderno de comunicación, a los educadores y alumnos del colegio les hicieron una demostración, hace unos días, de impresión en 3d. Y al final les regalaron este detalle.



Hay que decir que los centros educativos de educación especial están siempre muy en contacto con los avances tecnológicos y sus aplicaciones para estimular sensorial e intelectualmente a los alumnos, para explorar nuevas vías pedagógicas adaptadas a las necesidades de los mismos y a su condiciones funcionales diversas. Está claro que la necesidad es la mejor aliada de la imaginación y la capacidad de crear alternativas a situaciones que parecieran insoslayables.

Entiendo que en la demostración que les harían a la comunidad del Ángel Riviere sobre las posibilidades de la impresión 3d, se centrarían en la estimulación sensorial, en la ayuda y apoyo que puede ofrecer para el trabajo  creativo con objetos, etc. Sin duda se abren un buen montón de vías pedagógicas y para la activación de funcionalidades personales: libros en 3d para invidentes, mapas en 3d, etc.

Pero quería ahora, al hilo de la manita impresa, derivar hacia el terreno de la ortopedia. Hay ya avanzadas muchas investigaciones e iniciativas para conseguir y realizar, mediante la impresión 3d, prótesis ortopédicas personalizadas al cien por cien (más manejables, también con diseños más estéticos e incluso divertidos si se quiere así), sillas de ruedas también completamente adaptadas a cada individuo en particular, etc., etc. 

Hay ya muchos ejemplos: el de la silla de ruedas Go que ya fue presentada por el estudio londinense de diseño Layer (http://layerdesign.com/projects/go), pero también otros menos industriales, realizados de forma artesanal, como el ejemplo de un grupo de estudiantes  que ayudaron a un colega a mejorar y adaptar a sus necesidades y deseos la silla de ruedas que utiliza, 



La cosa es que la impresión en 3d incorpora tres parámetros absolutamente revolucionarios en el campo de la ortopedia: la personalización milimétrica a cada individuo (frente a la adaptación más estandarizada actual), el recorte de tiempo para producir el elemento y disponer de él, y, muy importante, el  abaratamiento del coste final. En el presente asistimos a una especie de eclosión de posibilidades e iniciativas, y todas ellas producen mucho entusiasmo en cuanto a sus aplicaciones desde ahora en adelante. Con las complicaciones burocráticas y técnicas, y por supuesto económicas, que siempre hay que afrontar a la hora de renovar el material ortopédico, la extensión de la impresión 3d como tecnología ortopédica puede ser un cambio radical en la vida de muchas personas con diversidad funcional.

Habrá que luchar para que el mercado no corra a aprovecharse en su solo beneficio de la reducción de costes de producción, porque estoy segura de que intertarlo, lo intentará. Y otros creo que ya lo piensan y lo temen también, como parece demostrarlo el hecho de que ya se haya inventado el “biohacking”, un movimiento y una práctica en los que los informáticos unen su conocimiento a biólogos y médicos para conseguir, por ejemplo, fabricar una prótesis para pierna por 50€ (http://www.lne.es/oviedo/2017/01/21/marrero-protesis-piernas-impresion-3d/2045068.html) .


En esta misma línea, podemos citar ya muchas otras iniciativas: laboratorios de universidades como el Fablab Madrid Ceu, la Fundación Materialización 3D, etc.

Cunda el ejemplo. Ojalá.

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